En los últimos años, el Congreso Nacional ha aprobado múltiples contratos de préstamos por miles de millones de dólares para financiar diferentes programas y proyectos del Estado. Sin embargo, muchos ciudadanos se preguntan dónde se refleja ese dinero, ya que aseguran que la mejoría no se siente en sus bolsillos.
Para una parte de la población, el circulante económico es cada vez menor. Comerciantes afirman que las ventas han disminuido, mientras que consumidores aseguran que el alto costo de la vida les obliga a limitar sus gastos. Esa percepción ha llevado a muchos a expresar que el país atraviesa una etapa de incertidumbre económica.
En distintos sectores también se escuchan opiniones de que supermercados con menor flujo de clientes y una reducción del movimiento comercial reflejan una economía con menos dinamismo. Aunque estas percepciones no describen necesariamente toda la realidad económica del país, sí evidencian el malestar de parte de la ciudadanía.
Quienes critican la gestión del presidente Luis Abinader sostienen que la política económica y social del Gobierno no ha logrado traducir el endeudamiento público en una mejor calidad de vida para la población. A su juicio, la desesperanza y el silencio social podrían convertirse en un problema mayor si no se generan más empleos, aumenta el poder adquisitivo y se fortalece la economía familiar.
El debate sobre el endeudamiento público y sus resultados continúa abierto. Mientras el Gobierno defiende que los préstamos financian inversiones y programas de desarrollo, sectores críticos insisten en que esos recursos aún no se reflejan en una mejora perceptible para la mayoría de los dominicanos. Esa diferencia entre las cifras oficiales y la percepción ciudadana mantiene viva la discusión sobre el rumbo económico del país.

