Por Lic. Juan Alberto Mercado Peña
Si finalmente el Gobierno decide avanzar hacia una unificación del Ministerio de Educación de la República Dominicana (MINERD) y el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), hay una pregunta que no puede quedar fuera del debate: ¿quién debe conducir la nueva estructura educativa del país?
Mi respuesta es clara: Rafael Santos Badía.
Y no lo digo por simpatía política ni por compromiso personal. Lo planteo desde una lógica estrictamente administrativa, gerencial y educativa.
Una eventual fusión de estas dos instituciones no puede convertirse simplemente en un movimiento de escritorios, cargos y oficinas. Estamos hablando de integrar dos grandes componentes del sistema educativo nacional: la educación preuniversitaria y la educación superior, junto con la ciencia, la tecnología, la investigación y las políticas de formación profesional.
Eso requiere una conducción con capacidad para administrar grandes estructuras, coordinar equipos y, sobre todo, entender que la educación no puede manejarse como una parcela política.
Rafael Santos Badía ha demostrado, desde el MESCyT, una dinámica de trabajo que merece ser tomada en cuenta. Su gestión ha puesto énfasis en las becas, la formación, la coordinación institucional y la ampliación de oportunidades para los estudiantes dominicanos.
Además, conoce el funcionamiento del Estado y tiene experiencia en la administración pública, elementos que serían fundamentales ante una reforma institucional de semejante magnitud.
No se trata de quitarle espacio a nadie
Si se produce la unificación, no debería interpretarse como una competencia entre funcionarios ni como una lucha por quién conserva una posición.
El centro debe ser el estudiante dominicano.
El país necesita una política educativa articulada desde la primera infancia hasta la universidad, conectando la escuela con la formación técnica, la educación superior, la investigación, la innovación y las necesidades del mercado laboral.
Por eso, si el presidente Luis Abinader entiende que llegó el momento de reorganizar el sector educativo, debe mirar más allá de los intereses internos de cada institución.
Debe buscar capacidad, experiencia, gerencia y resultados.
Y ahí es donde Rafael Santos Badía tiene una ventaja que no debería ignorarse.
Una fusión no puede improvisarse
Unificar dos ministerios de esta dimensión implicaría enfrentar enormes desafíos: presupuesto, nóminas, estructuras administrativas, políticas educativas, supervisión, planificación, currículos, universidades, becas, investigación y miles de servidores públicos.
No se puede colocar al frente de semejante proceso a alguien simplemente porque tenga una buena relación política.
La educación dominicana merece mucho más que eso.
Necesita un gerente que pueda sentarse con maestros, rectores universitarios, estudiantes, técnicos, investigadores, empresarios y organizaciones sociales, y construir una visión común.
Por eso sostengo que, si la fusión MINERD-MESCyT se convierte en una realidad, Rafael Santos Badía debe ser una de las primeras opciones para dirigirla.
No porque sea perfecto. Ningún funcionario lo es.
Sino porque una transformación de esta magnitud exige colocar la experiencia y la capacidad por encima de los cálculos políticos.
Si de verdad queremos transformar la educación dominicana, empecemos por elegir a quienes puedan administrarla con visión de Estado.
Y si el debate es quién debe conducir esa nueva institucionalidad educativa, mi posición es firme:
Rafael Santos Badía debe dirigirla.
Porque la educación dominicana no puede ser el laboratorio de una improvisación política. Es demasiado importante para el futuro del país.

