Santo Domingo, RD. — República Dominicana necesita dar un paso más en la modernización de su sistema agroalimentario. No basta con construir carreteras, circunvalaciones, puertos y aeropuertos si al productor dominicano todavía le resulta difícil conservar, transportar y comercializar lo que produce.
En ese contexto surge una propuesta que merece ser discutida seriamente por el Gobierno: la creación de una Red Nacional de Centros de Distribución y Comercialización de Productos Agroalimentarios, una iniciativa presentada al presidente Luis Abinader por el ingeniero Benigno Encarnación, subdirector de INESPRE y secretario de Organización del Frente Agropecuario.
La idea plantea crear plataformas regionales capaces de recibir, clasificar, conservar, empacar, agregar valor, comercializar y distribuir la producción nacional, pero con una característica fundamental: cada centro tendría que responder a la realidad productiva de la región donde sea instalado.
Menos intermediarios, mejores oportunidades
Uno de los grandes problemas del campo dominicano está en la cadena que existe entre el productor y el consumidor. Mientras el agricultor muchas veces recibe un precio bajo por su cosecha, el consumidor termina pagando mucho más.
La propuesta busca organizar esa cadena mediante una conexión más directa:
Productor → Centro Regional → Comprador → Consumidor.
El documento plantea como meta procurar una reducción progresiva de hasta un 30 % de los costos relacionados con intermediación y comercialización, siempre sustentada en estudios técnicos por producto y región.
Si esta idea se ejecuta correctamente, podría significar mejores condiciones para quien produce y precios más competitivos para quien compra.
El campo necesita infraestructura
Otro elemento importante de la propuesta es combatir las pérdidas poscosecha.
Los centros podrían contar con cámaras de refrigeración, áreas de recepción y pesaje, clasificación, lavado, empaque, etiquetado, almacenamiento seco, cadena de frío, control de calidad, procesamiento primario y espacios adecuados para despacho y distribución.
Esto cambiaría la lógica de una parte importante de la producción nacional: el agricultor no tendría que limitarse a vender materia prima, sino que podría participar en procesos que agreguen valor a sus productos.
Agricultura y turismo deben caminar juntos
República Dominicana ha convertido el turismo en uno de los grandes motores de su economía, pero existe una pregunta que debemos hacernos: ¿cuánto de los alimentos que consumen nuestros hoteles y restaurantes proviene realmente de nuestros productores?
La propuesta plantea utilizar los centros como puente entre el campo dominicano y hoteles, restaurantes, supermercados y otros establecimientos turísticos.
El caso de Pedernales resulta particularmente interesante. El desarrollo turístico de esa provincia debería estar acompañado por una estrategia que permita que una parte significativa de los alimentos requeridos por el nuevo polo turístico pueda ser producida y distribuida desde las regiones cercanas.
Eso permitiría que una mayor parte del dinero generado por el turismo permanezca en las comunidades productoras.
Una oportunidad para los pequeños productores
La propuesta también pone sobre la mesa un asunto fundamental: los pequeños y medianos productores.
Una red de esta naturaleza podría facilitarles acceso a compradores formales, supermercados, hoteles, restaurantes, mercados institucionales y eventualmente mercados internacionales, además de ofrecerles herramientas que individualmente podrían resultar difíciles de obtener, como cadena de frío, clasificación, empaque y trazabilidad.
Aquí está, quizás, una de las mayores oportunidades de la iniciativa: convertir al productor dominicano en un verdadero participante de la cadena de valor y no solamente en el primer eslabón de ella.
No se trata de construir mercados; se trata de crear desarrollo
La propuesta tiene otro aspecto que merece especial atención.
Los centros no deben convertirse simplemente en nuevos mercados públicos. El documento plantea que sean verdaderas plataformas regionales de desarrollo agroalimentario, conectando producción, logística, comercialización, agroindustria, turismo y exportación.
Por eso se propone que antes de construir cada centro se realice un diagnóstico para determinar qué produce la región, cuánto produce, quiénes producen, cuándo se produce, cuáles son las pérdidas, quiénes son los compradores y qué productos tienen posibilidades de agregar valor o llegar a mercados internacionales.
Esa planificación es indispensable.
Presidente Abinader: esta propuesta merece una mesa técnica
Desde nuestra perspectiva, la iniciativa merece ser evaluada sin importar de dónde venga políticamente.
El propio documento propone comenzar con un proyecto piloto en una región estratégica y posteriormente extender el modelo a otras zonas productivas del país.
La recomendación al presidente Luis Abinader debería ser concreta: que el Gobierno abra una mesa técnica para estudiar la factibilidad de esta propuesta, identificar la primera región piloto, determinar la inversión necesaria y establecer un modelo de gestión transparente y eficiente.
República Dominicana está invirtiendo en conectividad. Ahora necesita conectar esa infraestructura con el campo.
Porque una carretera sin producción que transportar es solamente infraestructura.
Un aeropuerto sin una estrategia para sacar productos de alto valor hacia otros mercados es una oportunidad incompleta.
Y un polo turístico que depende excesivamente de alimentos traídos desde lejos significa que buena parte del valor económico puede terminar fuera de las comunidades productoras.
La gran pregunta es: ¿nos atreveremos?
La propuesta de una Red Nacional de Centros de Distribución y Comercialización de Productos Agroalimentarios coloca sobre la mesa una discusión que el país no puede seguir posponiendo.
Proteger al productor, reducir pérdidas, mejorar la comercialización, fortalecer la seguridad alimentaria, conectar el campo con el turismo y abrir mayores posibilidades de exportación son objetivos que pueden formar parte de una misma política pública.
Ahora corresponde al Gobierno estudiar si esta idea es viable, cuánto costaría y dónde debería comenzar.
El campo dominicano produce. Lo que necesita es que el Estado le ayude a encontrar mejores caminos para que esa producción llegue al consumidor y se convierta en riqueza para quienes la generan.
Y quizás esta propuesta pueda ser el comienzo de una nueva forma de entender la producción agroalimentaria dominicana.

