En la administración pública, las pequeñas decisiones también envían grandes mensajes. Una de ellas es quién recibe a los ciudadanos cuando llegan a una institución. En el Ayuntamiento del Distrito Municipal de La Caleta, el alcalde Máximo Soriano ha optado por colocar a jóvenes en la recepción, en el control de acceso y en otras áreas de atención al público. A mi juicio, esa decisión refleja una visión de confianza en las nuevas generaciones.
Durante muchos años, la juventud ha reclamado oportunidades para demostrar su capacidad. Sin experiencia es difícil conseguir empleo, pero sin empleo tampoco se adquiere experiencia. Romper ese círculo es una responsabilidad que deben asumir tanto el sector público como el privado.
Más allá de las diferencias políticas, considero positivo que una alcaldía abra sus puertas a jóvenes con deseos de trabajar, aprender y servir a su comunidad. Cuando una institución apuesta por ellos, no solo les ofrece un salario, sino también la posibilidad de desarrollar valores como la responsabilidad, la disciplina y el compromiso con el servicio público.
Quienes visitan hoy el Ayuntamiento de La Caleta también pueden apreciar cambios en la imagen institucional. La remodelación de las oficinas, una recepción organizada y un trato más cercano al ciudadano proyectan una administración que busca modernizarse y fortalecer la confianza de la población. La atención que recibe un munícipe al entrar a una institución también forma parte de la calidad de la gestión.
Es evidente que aún existen retos y demandas de la comunidad que deben ser atendidos. Ninguna administración es perfecta y la ciudadanía siempre exigirá mejores servicios, más obras y mayor eficiencia. Sin embargo, también es justo reconocer las acciones que contribuyen a mejorar la relación entre el gobierno local y los ciudadanos.
La colaboración entre el Gobierno central y la Alcaldía de La Caleta, encabezada por el presidente Luis Abinader y el alcalde Máximo Soriano, ha generado expectativas sobre nuevos proyectos para el distrito municipal. Si ese respaldo se traduce en más inversiones, mejores servicios y mayores oportunidades para la gente, La Caleta podría continuar el proceso de transformación que muchos de sus residentes esperan.
Gobernar también significa inspirar confianza. Cuando una administración abre espacios a la juventud, moderniza sus instalaciones y procura ofrecer una atención más humana, está enviando un mensaje de que el cambio comienza desde adentro. Ojalá ese ejemplo sea asumido por otras instituciones públicas del país, porque creer en los jóvenes siempre será apostar por el futuro de la República Dominicana.

