Muerte de Darlin Mercado Reyes: una Policía que perdió el respeto de la ciudadanía y una reforma que aún no convence
Por: Lic. Juan Alberto Mercado Peña
Director del periódico digital La Verdad Duele RD
La muerte del joven Darlin Mercado Reyes no es simplemente otro caso que conmociona a la opinión pública. Es el reflejo de una crisis institucional que, desde hace años, viene deteriorando la confianza de los dominicanos en la Policía Nacional.
Cuando una familia teme más la llegada de una patrulla que la presencia de un delincuente, el Estado tiene la obligación de preguntarse qué está fallando. La misión constitucional de la Policía Nacional es proteger la vida, preservar el orden público y garantizar la seguridad ciudadana. Sin embargo, cada nuevo caso de presunto abuso policial profundiza la percepción de que esa misión está lejos de cumplirse plenamente.
Durante los últimos años se han destinado cuantiosos recursos económicos para impulsar una reforma policial. Se han anunciado capacitaciones, nuevos protocolos, cooperación internacional, modernización tecnológica y cambios administrativos. No obstante, muchos ciudadanos siguen preguntándose si esos esfuerzos han logrado transformar la cultura institucional o si continúan predominando prácticas que la propia reforma buscaba erradicar.
No puede existir una verdadera reforma cuando el abuso de autoridad continúa siendo motivo de denuncias, cuando la prepotencia parece sustituir al diálogo y cuando algunos agentes olvidan que el uniforme representa servicio y no poder absoluto.
La autoridad no puede confundirse con intimidación. El arma de un policía debe ser el último recurso permitido por la ley, nunca el primero. Cada vez que un ciudadano pierde la vida en circunstancias que generan serios cuestionamientos, no solo muere una persona: también se debilita la credibilidad de la institución y aumenta la distancia entre el pueblo y quienes deben protegerlo.
El presidente Luis Abinader calificó de "animal" al agente señalado por este caso y aseguró que enfrentará la justicia. Sus palabras reflejan la gravedad con la que el propio Gobierno observa este hecho. Sin embargo, la indignación presidencial no basta para reconstruir la confianza perdida. La sociedad espera investigaciones independientes, sanciones ejemplares cuando correspondan y garantías de que tragedias como esta no volverán a repetirse.
Este editorial no pretende condenar a todos los miembros de la Policía Nacional. Miles de agentes cumplen su deber con dignidad y respeto a la ley. Pero también es cierto que las malas actuaciones de algunos terminan afectando el prestigio de toda la institución.
La República Dominicana necesita una Policía cercana a la comunidad, profesional, preparada y sometida al más estricto respeto de los derechos humanos. Una institución donde el uniforme represente confianza y no temor; donde la autoridad se ejerza con prudencia y dentro de los límites de la Constitución y las leyes.
La muerte de Darlin Mercado Reyes debe convertirse en un punto de inflexión. No basta con discursos, ruedas de prensa o promesas de cambio. La ciudadanía espera resultados concretos, transparencia y rendición de cuentas.
La verdadera reforma policial no se medirá por el dinero invertido, sino por la capacidad de evitar que otra familia dominicana tenga que llorar una pérdida similar. Ese será el verdadero examen de una institución que aún tiene el enorme desafío de recuperar la confianza del pueblo al que juró servir.
Porque sin confianza ciudadana no hay seguridad pública posible. Y sin una Policía respetada por su actuación, el Estado de derecho siempre estará incompleto.

