La candidatura presidencial de Leonel Fernández para 2028 representa mucho más que un intento de regresar al poder. Para sus seguidores, simboliza la oportunidad de reivindicar una visión de Estado que comenzó en 1996 y que transformó la manera de pensar el desarrollo de la República Dominicana.
Quienes respaldan su liderazgo sostienen que, durante sus gobiernos, el país experimentó un proceso de modernización reflejado en grandes obras de infraestructura, avances tecnológicos, una mayor proyección internacional y una administración pública con una visión estratégica del futuro. Consideran que muchas de esas iniciativas siguen siendo referentes del desarrollo nacional.
La historia política dominicana no puede escribirse sin reconocer el legado del profesor Juan Bosch, por su pensamiento democrático y su aporte a la formación política del país, ni el del doctor Joaquín Balaguer, cuya gestión dejó una profunda huella en materia de infraestructura y organización del Estado. Ambos ocupan un lugar indiscutible en la memoria nacional.
Sin embargo, quienes apoyan a Leonel Fernández afirman que fue con su llegada al poder en 1996 cuando la República Dominicana dio un salto hacia la modernidad, fortaleciendo su presencia internacional, impulsando la innovación y promoviendo un modelo de crecimiento que colocó al país en una posición destacada dentro de la región.
De cara a 2028, el debate no será únicamente sobre quién debe gobernar, sino sobre cuál visión de país merece continuar. Para sus simpatizantes, el retorno de Leonel Fernández significaría recuperar una experiencia de gobierno, una capacidad de planificación y un liderazgo político e intelectual que consideran necesarios para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.
Al final, como corresponde en una democracia, será el pueblo dominicano quien decida en las urnas cuál proyecto de nación desea respaldar y quién considera que tiene la mejor propuesta para conducir el destino del país.

